El 7 de febrero de 1911 nació en Lanús Héctor Julio Páride Bernabó, el artista que firmaría su obra como Carybé. Fue multifacético: pintor, dibujante, muralista, escultor e ilustrador.
Héctor Julio Páride Bernabó, conocido como Carybé, fue pintor, muralista e ilustrador argentino, radicado en Brasil. Su obra, influida por culturas indígenas y afroamericanas, supera cualquier etiqueta artística.

El 7 de febrero de 1911 nació en Lanús Héctor Julio Páride Bernabó, el artista que firmaría su obra como Carybé. Fue multifacético: pintor, dibujante, muralista, escultor e ilustrador.
Su producción, estimada en más de cinco mil piezas, se gestó a partir de una búsqueda que realizó por fuera de los circuitos académicos y las vanguardias europeas. Con los ojos puestos en las culturas indígenas y afroamericanas del continente.
En el momento en que nació Carybé, Argentina vivía un clima de tensión. Roque Sáenz Peña iniciaba su gobierno mientras el régimen conservador mostraba signos de desgaste. Había, además, una creciente conflictividad social impulsada por el movimiento obrero.
Tal vez todo eso determinó que la vida del artista haya estado atravesada por los cambios de entorno. Hijo de inmigrantes italianos, pasó su infancia entre Europa y Brasil, experiencia que dejó impresiones profundas en su sensibilidad.
Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial y el regreso de la familia a América, se instaló en Río de Janeiro. Ahí tuvo su primer contacto con la naturaleza (que él describió como "exuberante") del continente.
Algunos años más tarde, según está registrado en sus biografías, recordaría ese momento como el inicio de su vínculo con "la mágica realidad americana".
Formado en la Escuela de Bellas Artes de Río, Carybé llegó a Buenos Aires a finales de los años 20. Hizo de todo: trabajó como ilustrador en diarios y revistas, incursionó en el humor gráfico, el cine y hasta en música.
Incluso, según una biografía que consta en la página del Museo de Bellas Artes de Salta, integró la banda que acompañó a Carmen Miranda. Y fue testigo de una ciudad atravesada por la crisis económica durante lo que después quedó como la Década Infame.
Esa etapa oscura, que arrancó con el golpe de Estado que derrocó a Hipólito Yrigoyen, se caracterizó por el fraude electoral, la corrupción, la persecución política y un modelo económico dependiente, que favoreció a los sectores conservadores y debilitó mucho la democracia.
En ese contexto, Carybé comprendió que su camino no tenía que ver con la repetición de los modelos europeos. Como diría más adelante, su interés no iba hacia la experimentación vanguardista sino a la búsqueda de una América que todavía no había sido suficientemente representada en el arte.
Ese interés encontró un cauce a comienzos de la década de 1940, cuando inició una serie de viajes al norte argentino y se vinculó con un grupo de artistas e intelectuales que compartían una misma inquietud.
Junto a Gertrudis Chale, Luis Preti, Raúl Brié, Carlos Lugo y otros creadores, integró lo que la historiografía del arte conocería como el Grupo de Salta. En ese momento, las comunidades indígenas, los obrajes, los mineros, los cañeros y los pescadores del Pilcomayo ingresaron en su pintura y le dieron identidad.
Leonor Fleming se refiere a ese proceso cuando afirma que en el norte argentino Carybé "se descubre partícipe de una forma de vida que es, al mismo tiempo, una forma de estar y de pintar el mundo, independiente y distinta de las experimentaciones estéticas del Buenos Aires cosmopolita".
Carybé convivió con esas comunidades, compartió su trabajo cotidiano y dejó que esa experiencia modele su lenguaje visual. El culto a la Pachamama, la importancia del carnaval y la relación con la tierra pasaron a ser esenciales en su trabajo.
Si Salta fue espacio de descubrimientos, Bahía fue el de la consagración. Carybé llegó por primera vez a Salvador en 1938 y quedó impactado por sus paisajes, su gente y sus tradiciones afrobrasileñas. Cuando cumplió 40 años decidió radicarse allí de manera definitiva.
Jorge Amado, su amigo y uno de los escritores que mejor comprendió su obra, explicó que Carybé "echó raíces tan hondas como ningún ciudadano allí nacido y amamantado. Bebió con avidez esa verdad y ese misterio, e hizo de Bahía la carne de su carne y la sangre de su sangre".
En Salvador, Carybé se integró a la vida cultural y religiosa de la ciudad, participó del candomblé y fue nombrado Obá de Xangô, título honorífico que da cuenta del reconocimiento de la comunidad. Los rituales, los orixás, las fiestas populares y el carnaval fueron materia para su obra.
Cabe un breve cuadro de situación. En esa época, principios de los 50, Salvador de Bahía era una ciudad donde se percibía el contraste entre su riqueza cultural y sus desigualdades sociales. Conservaba su fisonomía colonial y sus tradiciones afrobrasileñas en la música, la religión y la gastronomía.
Tal como sintetizó el escritor Rubem Braga, "Carybé no encontró inspiración en Bahía; Bahía encontró inspiración en Carybé". Frase que da una idea del nivel de identificación entre el artista y la ciudad.
Con más de cinco mil piezas, la obra de Carybé resulta muy difícil de encasillar en un único movimiento. Aunque en los años 40 se lo asoció al realismo social, su lenguaje va más allá de cualquier tipo de clasificación.
Pintó, dibujó, realizó murales, esculturas, tallas en madera, cerámicas y bajorrelieves. Ilustró obras de la literatura latinoamericana (de Jorge Amado y Gabriel García Márquez) y también textos de Walt Whitman y Pierre Verger.
Su producción forma parte de colecciones públicas y privadas en Salta, Río de Janeiro, San Pablo, Nueva York, Lisboa y Londres. Nunca perdió el vínculo con lo popular, lo artesanal y lo ritual. Murió el 1 de octubre de 1997.




