Cada 18 de febrero se conmemora el nacimiento de Lucio Fontana, el artista que introdujo cambios radicales en la historia del arte del siglo XX con la formulación del espacialismo y los célebres cortes sobre el lienzo.
El maestro nacido en Rosario cumpliría hoy 127 años. Lo recordamos a través de las crónicas de El Litoral: el adiós definitivo en 1968 y la referencia a la muestra retrospectiva que, en 1978, volvió a poner su arte en el centro de la escena.

Cada 18 de febrero se conmemora el nacimiento de Lucio Fontana, el artista que introdujo cambios radicales en la historia del arte del siglo XX con la formulación del espacialismo y los célebres cortes sobre el lienzo.
Nació el 18 de febrero de 1899 en Rosario, en el seno de una familia de artistas. Su padre, escultor, dejó su huella en monumentos funerarios y en edificios emblemáticos como el Teatro El Círculo y el Hotel Italia.
En 1905 se fue con su familia a Italia y cursó estudios en Milán. Regresó a Rosario en 1920, abrió su estudio, participó en salones y ganó por concurso el monumento a Juana Blanco en el Cementerio El Salvador. Incluso compartió taller con Julio Vanzo antes de volver a Europa en 1925.
En Milán recibió lecciones de Adolfo Wildt, de tradición clasicista. Pero pronto Fontana se alejaría de todo academicismo. Ya en París, hacia el tercer decenio del siglo XX, comenzó a pensar una postura estética inconfundible: exploró la abstracción, trabajó con metal, piedra y cerámica, y combinó el oficio heredado con la libertad creativa.
El regreso a la Argentina en 1939 marcó otra etapa. Entre 1940 y 1947, en Buenos Aires, dictó clases en la Academia Altamira y junto a sus alumnos publicó el Manifiesto Blanco en 1946. Allí proclamó la necesidad de un arte espacial capaz de superar las limitaciones del lienzo y del volumen escultórico.
Un año más tarde, ya en Milán, escribió el Manifiesto Espacialista. "Tanto la escultura como la pintura son cosa del pasado", sostuvo Fontana. "Necesitamos una nueva forma. Arte que sea movimiento. Arte en el espacio".
Esa declaración se volvió acción. En 1949 comenzó a rasgar sus telas. Cortes limpios que atravesaban el lienzo del derecho y del revés y perforaciones que organizaba geométricamente en composiciones que evocaban constelaciones o mandalas.
Esto destruía la pintura como ilusión y la convertía en un hecho real: el corte era "el comienzo de una escultura en el espacio". Así, el espacialismo cuestionó la tradición pictórica y redefinió la relación entre obra, espacio y espectador.
El 7 de septiembre de 1968, Fontana murió en Varese, Italia. Un día después, El Litoral publicó una necrológica en la cual afirmó: "una gran figura acaba de perder el arte argentino, con la desaparición en Varese, Italia, de Lucio Fontana".
"Un artista que supo conjugar con rara elocuencia la riqueza expresiva y el poder artesanal, desarrollando a lo largo de más de medio siglo de labor, prácticamente todas las técnicas creadoras", agregó.
El diario subrayó además el vínculo afectivo con Santa Fe. "Estuvo ligada a él en forma especial desde sus comienzos. El calor que deja aquí, en su patria -calor humano y de obra- permanecerá sin duda a través del tiempo".
Diez años después de su muerte, el 1 de octubre de 1978, El Litoral volvió a poner en primer plano a Fontana. El Museo Provincial de Bellas Artes habilitó dos salas con 25 dibujos a tinta y tres esculturas como homenaje en el décimo aniversario.
El crítico Jorge Taverna Irigoyen escribió entonces un texto en el cual destacó la naturalidad y la frontalidad de su propuesta, esa "entrega" de fortaleza interior que iba "más allá de los herméticos encasillamientos".
Sobre los dibujos, observó sus "líneas firmes y fluidas a la vez, sugerentes del volumen, del movimiento, de las posturas y el gesto". Allí, decía, se advierte "la rotundez de Fontana, el gran sentido para captar la dimensión de la forma, su plano jerárquico, su debida 'temperatura visual'".
También destacó piezas como "La Italiana" y "Hermanas", además de cabezas en bronce y un caballo de fines de los años cuarenta, donde asomaba "esa energía tan particular que el artista supo insuflar a sus obras".
Hablar hoy de Lucio Fontana en Argentina es hablar de espacialismo, de arte contemporáneo y de una ruptura que redefinió la pintura. Pero también es hablar de Rosario y de Santa Fe, de una tradición cultural que supo reconocer en vida y en muerte a uno de sus "hijos" más universales.




