La cadena argentina de legumbres atraviesa una etapa de expansión productiva y transformación estratégica.
La cadena argentina de legumbres atraviesa una etapa de fuerte expansión productiva y transformación tecnológica. Con una cosecha récord proyectada para la campaña 2025/26 y una creciente demanda internacional de proteínas vegetales, el sector enfrenta el desafío de mejorar la competitividad a través de la genética, la trazabilidad, la innovación y el agregado de valor.

La cadena argentina de legumbres atraviesa una etapa de expansión productiva y transformación estratégica.
Así quedó reflejado durante la Primera Jornada de la Mesa de Legumbres de Santa Fe, realizada en la Bolsa de Comercio de Rosario, donde especialistas coincidieron en que el desafío ya no pasa únicamente por aumentar la producción, sino por ganar competitividad a través de la calidad, la trazabilidad, la innovación y el agregado de valor.
Argentina cuenta con una posición favorable en el escenario internacional. El rendimiento promedio nacional alcanza los 1.484 kilos por hectárea, muy por encima del promedio mundial de 1.058 kilos, mientras que entre el 60% y el 73% de la producción se destina a la exportación.
Para la campaña 2025/26 se proyecta una cosecha de 1,37 millones de toneladas, un 24% superior a la del ciclo anterior, sobre una superficie récord de 952.100 hectáreas. Del total estimado, más de 835.000 toneladas corresponderían a porotos, 370.000 toneladas a arvejas, 122.000 toneladas a garbanzos y 43.000 toneladas a lentejas.
Si bien el poroto continúa liderando la producción nacional, especialmente en el NOA, la arveja y la lenteja muestran un crecimiento sostenido en provincias como Santa Fe y Buenos Aires. Los especialistas destacaron que sostener esta expansión requerirá mejorar la genética, reducir brechas de rendimiento y desarrollar variedades con mayor potencial comercial.
En ese sentido, el trabajo conjunto entre el INTA y el Centro Internacional de Investigación Agrícola para las Zonas Áridas (ICARDA) permite incorporar materiales genéticos de relevancia internacional para evaluar su adaptación local.
Actualmente, el INTA Oliveros coordina la Red Nacional de Arveja y trabaja en nuevas variedades de arvejas y lentejas destinadas a mejorar la productividad y la competitividad del sector.
Otro de los desafíos identificados es el fortalecimiento del sistema de semillas. Desde el Instituto Nacional de Semillas (INASE) señalaron que las legumbres presentan aún bajos niveles de utilización de semilla fiscalizada y una elevada proporción de uso propio, situación que limita la adopción de nuevas tecnologías y materiales genéticos.
La incorporación de herramientas de agricultura de precisión también aparece como un factor clave. El uso de drones, aplicaciones selectivas y sistemas de monitoreo permite optimizar el manejo agronómico, reducir pérdidas y mejorar la trazabilidad, un requisito cada vez más importante para acceder a mercados exigentes.
La calidad poscosecha es otro aspecto determinante. El acondicionamiento, la clasificación, el almacenamiento y el control de residuos de agroquímicos son fundamentales para cumplir con los estándares internacionales.
En mercados como China, además, se exige una estricta segregación de la mercadería por zonas de producción y sistemas de trazabilidad que garanticen el origen del producto.
Sin embargo, el mayor potencial económico de la cadena se encuentra en el agregado de valor. Las legumbres ofrecen oportunidades para la elaboración de harinas, concentrados proteicos, snacks, panificados, sustitutos cárnicos y alimentos listos para consumir, productos que se insertan en las tendencias globales vinculadas a las proteínas vegetales, la alimentación saludable y la sostenibilidad.
En el plano internacional, China continúa siendo uno de los mercados más atractivos.
El país asiático consume alrededor de 3,3 millones de toneladas de legumbres secas por año y depende fuertemente de las importaciones para abastecer su demanda. También Brasil sigue siendo un destino estratégico para el poroto negro argentino, mientras que la Unión Europea ofrece oportunidades para productos diferenciados y con mayor valor agregado.
Los especialistas concluyeron que Argentina cuenta con una oportunidad concreta para expandir su participación en el mercado mundial de legumbres. No obstante, el crecimiento dependerá de la capacidad de la cadena para combinar escala productiva, innovación tecnológica, calidad, trazabilidad e industrialización.
En ese escenario, Santa Fe aparece como una de las provincias mejor posicionadas para liderar el desarrollo de una actividad que gana cada vez más protagonismo en la agenda agroindustrial.




