Quienes viven en sus 22 manzanas atravesadas por las vías piden mayor atención estatal: reclaman iluminación, más patrullaje policial y el mantenimiento de los espacios y plazas, casi sin juegos.

En diciembre de 1931, Otto Bemberg anunció la construcción de una fábrica modelo en los predios que había adquirido en la zona de avenida Blas Parera, un paisaje de chacras, curtiembres, mataderos y frutales. Tal como se plasmó en las páginas del libro “Otto Schneider”, el paraje “representaba una suerte de zona de frontera de la ciudad”. Su decisión fue, sin dudas, histórica: marcó el ritmo de crecimiento urbano de este sector y el nacimiento de un barrio que lleva el nombre de la cervecería: Schneider.
Al este del establecimiento industrial había hornos de ladrillos que formaban cavas para extraer tierra. Hoy, a ochenta años de aquel paisaje, la postal es una nutrida barriada de veintidós manzanas surcadas por vías férreas en desuso. Los vecinos más antiguos relatan un recuerdo de tierra con aroma a malta que nació en manos de sus padres, antiguos empleados de la cervecería. En aquel predio industrial hoy se emplaza un supermercado mayorista que quedó fuera de la jurisdicción de la vecinal Schneider. El barrio, sin embargo, palpita su historia cervecera en las calles y voces. Cuando Juan Carlos Díaz se mudó a este barrio, hace 35 años, “no había asfalto ni siquiera en la avenida”. La tierra tenía un valor accesible y las calles eran tan tranquilas como su Monte Vera natal. Todo parece indicar que esto cambió.
El pulso de los vecinos
“El barrio cambió muchísimo”, dice Osvaldo Franco, vicepresidente de la Asociación vecinal Barrio Schneider, fundada el 22 de octubre de 1973. La entidad tiene una fuerte impronta tradicional: en Santiago Derqui 4095, su extenso predio es escenario de reuniones familiares y actividades de otras instituciones. Allí, también funciona una copa de leche y se brinda asesoramiento jurídico a los vecinos, entre otros servicios.
La vecinal cuenta con 200 socios que pagan una cuota mensual de 3 pesos. Por esta razón, vive “una lucha permanente: no hay recursos. Tenemos que ver cómo obtener fondos para salir adelante”, explica Franco.
A este obstáculo se suman las preocupaciones del barrio: “El gran problema que tenemos es la inseguridad; realmente necesitamos que nos escuchen”, reclama el presidente de la vecinal, Oscar Vallejos. En febrero pasado, los vecinos se organizaron para ahuyentar a los delincuentes sentándose en la vereda en los horarios más problemáticos. No funcionó: días después, la propia vecinal fue objeto de robos y destrozos tres veces, y en un lapso de sólo 20 días. “La inseguridad es terrible”, agrega el vecino Juan Carlos Díaz.
Para saber
El mal estado de las calles es uno de los principales reclamos de quienes viven en el barrio Schneider. Fueron asfaltadas hace años (hay quienes aseguran “más de quince”) y no resistieron ni el paso del tiempo ni el flujo vehicular que las transita. Derqui es quizás la más urgente. Mientras esperan una repavimentación, los vecinos juntan escombros y rellenan los pozos. Aglunos apuntan a los camiones de Urbafe SA, con dependencias en Derqui 3995. “Los camiones son tan pesados y el asfalto tan viejo, que no aguanta”, comentó un vecino de apellido Molinari.
"Estamos esperando que la Municipalidad se acuerde de nosotros: esta calle es muy transitada por conectar con Blas Parera. El tránsito es fluido pero la calle es un desastre. Pagamos los impuestos con regularidad, queremos que le presten más atención al barrio”. Juan Carlos Díaz vive en calle Derqui hace 35 años
Falta luz y patrullaje




