Rogelio Heladio Pereyra se aparta por un momento de su grupo, hunde sus manos en un recipiente con agua y con paciencia manipula la tierra que en unos días se convertirá en pan para los suyos. Comenzó a trabajar como ladrillero en 1992, luego de que el cierre del Matadero Municipal lo dejara desempleado como a tantos otros. “Cuando era más joven me dedicaba a la construcción y mi patrón me aconsejó en aquel momento pensar en dedicarme al ladrillo porque se ganaba mejor. Y acá estoy”, recuerda Rogelio. Desde aquel momento, el suelo que pisa se convirtió en el porvenir de su familia: su mujer y sus once hijos. El trabajo es sacrificado, sobre todo en días en los que el calor no da respiro o el frío golpea hasta en los huesos. Pero a Rogelio estas dificultades parecen no afectarlo. Muy calmo, concentrado en su tarea como si su vida dependiese de ello y devoto de estas tierras tan ricas, se siente un hombre afortunado. “Acá mucha gente hace el trabajo que yo hago. Algunos vienen, hacen en dos o tres días los ladrillos y se van. Pero yo elijo vivir acá” y remarca estas últimas palabras, como demostrando que su fidelidad lo une en una relación especial con esta zona. Y no es para menos. Puede decir con orgullo que con su trabajo ha logrado brindarles un futuro a todos sus hijos. Sobre la fabricación de los ladrillos, cuenta que se levanta todos los días a las 6 de la mañana. Toma unos mates y luego trabaja hasta la 1 ó 2 de la tarde. Lo primero que se hace es juntar barro de alta calidad, que provee la zona. Luego, lo abona con bosta de caballo o con cáscara de arroz. Una vez conseguido el adobe ideal, lo mete en un molde de ladrillos y los corta. Tras ello, los deja un par de días a secar en el suelo. El proceso termina con la cocción en el horno, que se arma con los mismos ladrillos. O sea que desde la extracción de la tierra hasta que los ladrillos se enfrían pasa poco más de una semana. Cuando están listos los ladrillos son vendidos a particulares o a empresas de construcción. ¿Cuál es la ganancia de este oficio artesanal? “Unos 1.200 pesos los mil ladrillos”, dice Rogelio.