Con solvencia y sin estridencias. También sin apuros ni momentos de zozobra. Para Argentina, ganarle a Canadá se convirtió en un trámite. Incluso, el partido tuvo menos dificultades que el primero, el de la apertura de la Copa. Ganó bien, por momentos jugó bien y lo liquidó al comienzo del segundo tiempo (no es la primera vez que llega al gol en ese instante del partido) y luego lo manejó sin problemas. Exento de brillantez, al equipo no le faltan atributos suficientes desde la solidez y la jerarquía, para seguir dándole nafta a esa máquina de ganar en la que se ha convertido. Es finalista otra vez, en un proceso que sigue dando que hablar y que suma hitos para la historia.


































