La camiseta que usaba Mauricio Baldasarre, de niño, “llevó su apellido” cuando Victorio Cocco lo hizo debutar en Primera con apenas 16 años y 7 meses. Fue el pase literal de aquel niño que iba a la cancha a gritar los goles que hacían otros, a meterse en ella para intentar convertir los goles que siempre soñaba cuando se acostaba. De gritar goles en la tribuna, pasó a buscarlos en el campo de juego. Al fin, la pelota le estaba dando el mejor de los regalos.





































