Allá por el año 1971, con ocho años, era llegar del colegio a tomar la merienda y sentarme, infaltable, frente al Stromberg Carson blanco y negro a ver a un intrépido jovencito de 18 años que, rodeado de una familia amante del automovilismo, lo amparaban y alentaban en ese rodar de hazañas y proezas que me deleitaban. Ese jovencito era Meteoro, un dibujito animado por el que nos hacíamos "hinchas" del automovilismo.




































