Una reconstrucción de aquellos días de 1982 evidencia que el fútbol argentino no detuvo su marcha durante los dos meses y medio que duró la guerra. Tampoco en el Mundial, cuando la selección de Menotti fue a España a defender el título logrado en 1978 y debutó el día previo al de la rendición. Justamente, aquél partido ante Bélgica que marcó el inicio de la cita mundialista, se dio en medio de la intensa lucha que fue la batalla final de Puerto Argentino. Así lo decidieron los hombres que eran los dueños de la vida y de la muerte de los argentinos en aquél momento. El fútbol se convirtió, una vez más, en funcional al sentimiento patriótico y a la política de Estado. No fue la única vez, pasó en muchas oportunidades. Era como si ningún suceso fuera de lo común pasara en el país: los hinchas siguieron yendo a la cancha y escuchando los partidos por radio o mirándolos por televisión. Parecía que no pasaba nada, pero pasaba: estábamos en guerra.
































