Atiende el teléfono y su voz transmite tranquilidad, paz. Es difícil diferenciar si viene de ganar un título o de perder un partido ganable en la Liga ACB. A Gabriel Deck no le da lo mismo ganar o perder, pero lo seguro es que se toma la vida –y su carrera- de otra manera. O, al menos, eso parece. El Tortu avanza despacio en la vida, como sugiere su apodo, a diferencia de lo que vemos en la cancha, donde se parece más a un pura sangre. Como si viviera en su amada Colonia Dora y no en la famosa Madrid. “Acá estamos, con Oslo (“por el personaje de La Casa de Papel”, admite), mi perro. Todo tranqui. Recién salimos un rato a quemar energías. En casa se porta bien, pero afuera destroza todo”, cuenta con su inconfundible tonada santiagueña en una charla con Prensa CABB.

































