El Canal de la Mancha, conocido como "el Everest para los nadadores", plantea desafíos considerables debido a las estrictas regulaciones impuestas por la Channel Swimming Association. Ailén superó el desafío siguiendo las rigurosas normas que prohíben cualquier ayuda artificial, excepto el uso de gafas, gorro, pinzas para la nariz, tapones para los oídos y un traje de baño clásico que no brinde protección térmica ni flotabilidad. Esta travesía, que ha sido completada por menos de 2.800 nadadores desde 1875, exige una gran dedicación y preparación física y mental.