La Daytona 500 volvió a demostrar por qué es la carrera más impredecible del calendario de la NASCAR Cup Series.
La edición 2026 de las 500 Millas de Daytona se definió en una última vuelta caótica, con múltiples choques y cambios de liderazgo. Tyler Reddick aprovechó el desconcierto en el pelotón y le dio a 23XI Racing —el equipo copropiedad de Michael Jordan— la victoria más importante de su historia. El mexicano Daniel Suárez finalizó 13°.

La Daytona 500 volvió a demostrar por qué es la carrera más impredecible del calendario de la NASCAR Cup Series.
La definición fue un compendio de todo lo que hace única a Daytona: empujones milimétricos, tres y hasta cuatro líneas en paralelo y accidentes en cadena cuando el margen de error desaparece.
Con la bandera blanca en alto, Carson Hocevar lideraba el pelotón. Un leve contacto lo desestabilizó y abrió la puerta a un nuevo cambio de mando. Chase Elliott tomó la punta a la salida de la Curva 4 impulsado por Zane Smith. Pero el movimiento dejó el carril inferior vulnerable.
Ahí emergió Tyler Reddick, con el empujón decisivo de su compañero Riley Herbst. La maniobra fue quirúrgica: superó a Elliott justo cuando el pelotón se expandía en cuatro líneas. Detrás, un toque entre Herbst y Brad Keselowski desató un Big One que arrastró a varios protagonistas.
Reddick cruzó la meta primero. Ricky Stenhouse Jr. terminó segundo contra el muro y Joey Logano llegó tercero prácticamente de espaldas. Elliott fue cuarto y Keselowski, quinto. El mexicano Daniel Suárez completó una carrera sólida para finalizar 13°.
Para Reddick, la victoria tuvo un significado especial. Sin triunfos en 2025 y atravesando un año personal complejo por problemas de salud de su hijo recién nacido, el piloto reconoció que el equipo se miró “mucho en el espejo” durante la pretemporada.
El éxito representa la consagración más importante para 23XI Racing, la estructura fundada en 2021 y copropiedad de Michael Jordan y Denny Hamlin. La escudería ya había conquistado la Brickyard 400 en Indianápolis, pero ganar en Daytona eleva el estatus deportivo del proyecto.
Jordan celebró en Victory Lane con visible emoción. “Se siente como un campeonato”, resumió el seis veces campeón de la NBA, destacando el trabajo en equipo y el rol clave de Herbst en el empujón final.
Las dos primeras etapas estuvieron marcadas por la gestión de combustible y varios incidentes. Kyle Busch partió desde la pole y defendió con agresividad, pero una serie de neutralizaciones alteró la dinámica del pelotón. Zane Smith ganó la Etapa 1 en un cierre estratégico, mientras que la segunda fracción terminó bajo amarilla tras un accidente que involucró a más de 20 autos.
La etapa final reunió a unos 30 coches separados por apenas un segundo, tres en paralelo, ahorrando combustible mientras se aproximaban tormentas al óvalo. La última ronda de paradas reordenó posiciones y dejó a Reddick en zona de ataque para el sprint final.
Daytona volvió a imponer su ley: no gana necesariamente quien lidera más vueltas, sino quien sobrevive al caos y elige el carril correcto en el instante decisivo. Reddick lideró solo cuando importaba, y eso fue suficiente para inscribir su nombre en la historia grande del automovilismo estadounidense.
En una carrera donde todo puede perderse en metros, 23XI encontró la sincronización perfecta. Y en el circuito donde los sueños suelen romperse contra el muro, Michael Jordan celebró como en sus mejores noches de campeonato.




