El entrenamiento estaba pautado para las nueve y media de la mañana. Los jugadores ya habían pasado por el vestuario y estaban en el centro de la cancha auxiliar prestos a empezar la práctica. Pero de repente, las caras comenzaron a transformarse: por los tres ingresos que dan a esa zona y empezaron a entrar barras. Primero diez, después 20 más hasta llegar a un número superior a los 60.



































