Podría decirse que aquella Copa del 2019 marcó un antes y un después, inclusive en el mismo Messi. Su actitud empezó a cambiar. Si bien no hubo, antes, algo que reprocharle en cuanto a su compromiso constante con la selección, esta vez se lo vio diferente en cuanto a su semblante. Messi empezó a sentirse más feliz con ese grupo que se armó. Asumió decididamente el papel de capitán, adentro y afuera de la cancha. Y los más chicos lo siguieron. Y a él le gustó el rol. Se identificó con De Paul, con Lo Celso, con Paredes, con Lautaro Martínez. Después vinieron otros que se pusieron la camiseta y la rompieron como el Dibu Martínez y el Cuti Romero, más algunos otros que Scaloni sacó "de la galera", como Nicolás González. Y a Messi también lo siguieron los de experiencia, como Otamendi, Tagliafico, Acuña y Di María. A propósito, reivindicatorio y muy justo lo que le pasó en la última Copa América. Injustamente criticado y cuestionado, Di María ha sido siempre un jugador relevante y vital para la selección. Su revancha llegó el 10 de julio de este 2021 cuando convirtió el gol que nos dio la gran victoria ante Brasil, que siempre había sido campeón en todas las Copa América que se jugaron en aquel país.