Fue un trámite, de principio a fin. Argentina paseó su fútbol en Filadelfia y minimizó a su máxima expresión a un rival definitivamente convertido en “partenaire” desde que el Cuti Romero convirtió de cabeza el primer gol luego de un centro perfecto que llegó desde la izquierda. Ahí se acabaron las poquitas aspiraciones salvadoreñas ante un campeón del mundo que tuvo dos enormes virtudes y que las supo mantener durante los 90 minutos:



































