No necesitó de un buen partido, le bastó con un golazo y con un par de rendimientos individuales que fueron sobresalientes (Martínez y Romero) más este envión que trae un seleccionado que, por más que a veces juegue mejor que en otras oportunidades, sabe lo que quiere, tiene confianza y no para de ganar. Aún sin Messi en la cancha (se lo preservó, jugó los últimos quince minutos y seguramente arrancará el martes ante Brasil), el equipo logró sacar adelante el compromiso. De eso también se trató, de entender que iba a ser un partido duro, difícil y que había que estar a la altura de esa exigencia. Quizás Uruguay no hizo las cosas tan mal para perderlo ni tampoco Argentina lo hizo tan bien como para merecer la victoria. Pero fue un partido que se definió en detalles. Argentina encontró lo que no pudo conseguir Uruguay -el gol- y con eso, más la fortaleza defensiva y la sensación de imbatibilidad que brinda su arquero, se quedó con un triunfo que nos pone en la escalerilla del avión a Qatar.

































