El estadio del Bosque fue testigo de un momento histórico cuando apenas transcurrían diez minutos del encuentro entre Gimnasia y Esgrima La Plata y Racing Club. En una ejecución magistral desde el córner, Nicolás Barros Schelotto, el hijo del icónico Guillermo, sorprendió a propios y extraños al convertir un golazo olímpico que ya se perfila como uno de los mejores del campeonato. Fue el que marcó el inicio de una gran victoria de Gimnasia ante un Racing que se reforzó como ninguno.
La selecta lista de jugadores que lograron esta hazaña, señala El Gráfico, comenzó con Ismael Morgada, quien fue el primero en conseguirlo por duplicado en los campeonatos de 1932 contra Quilmes y 1934 frente a Ferro Carril Oeste. Años más tarde, en 1949, Ruperto Camacho emuló la proeza marcando dos goles de este estilo en una misma temporada ante Banfield y River Plate, este último venciendo la resistencia del legendario Amadeo Carrizo.
Nicolás Barros Schelotto, el hijo de Guillermo, autor del golazo ante Racing desde el córner. Manuel FabatíaPasaron décadas hasta que un nuevo nombre se sumó a este club de especialistas. Fue en el Nacional de 1973, cuando Walter Horacio Durso sorprendió a Independiente con un remate directo desde el córner. Ya en tiempos más modernos, la pegada de Brahian Aleman en 2017 ante Olimpo y la de Matías García en 2019 frente a Newell's mantuvieron viva la mística del gol olímpico en el conjunto tripero.
El último había sido el de "Fideo"
El último gol olímpico registrado en la Primera División, antes de este impacto en el Bosque, había sido el de Ángel Di María en septiembre de 2025. En aquel vibrante duelo entre Rosario Central y Boca Juniors, el "Fideo" utilizó su magistral zurda para anotar de forma directa desde el córner, en lo que fue su última gran perla con la camiseta del "Canalla".
Con el gol de Barros Schelotto, el fútbol argentino suma apenas 180 goles olímpicos en toda su historia en la máxima categoría, una cifra que demuestra la exclusividad de esta hazaña.
Almirón y Aricó, los más eficaces
En las páginas doradas de esta disciplina, nombres como Sergio Almirón y Daniel Aricó (ex Colón) destacan por sobre el resto. Ambos futbolistas son los máximos goleadores olímpicos en la historia del fútbol argentino, con cuatro tantos cada uno.
A ellos se le suman figuras históricas como Jorge Comas, Antonio García Ameijenda, Nicolás Infante y el icónico Félix Loustau, todos con tres goles convertidos. Además, Loustau es el autor del único en un Superclásico por esa vía (lo hizo jugando para River el 8/11/1952).
Al repasar las estadísticas de los equipos, el dominio en la ejecución de goles olímpicos está claramente distribuido. Liderando la tabla, Estudiantes de La Plata ha logrado este gol en 18 ocasiones, seguido de cerca por Rosario Central, con 15, y Newell's Old Boys, con 14. Estos tres clubes se han establecido como verdaderos maestros de este disparo inverosímil.
Inmediatamente después, se encuentran Vélez Sarsfield con 11 goles olímpicos, y un empate entre Boca Juniors y Ferro, ambos con 10, lo que demuestra una competencia reñida por los puestos de vanguardia.
En el siguiente peldaño, Platense, Racing Club y Gimnasia La Plata exhiben una notable eficiencia con 8 goles cada uno. Finalmente, Argentinos Juniors cierra el top 10 con 7 goles, consolidando así su lugar entre los más destacados en esta especialidad.
En contraparte, hay escudos que han sufrido más que otros. El listado de los equipos que más goles olímpicos han recibido es encabezado por Boca Juniors y Newell's Old Boys con 12 tantos en contra. Los sigue de cerca Vélez Sarsfield con 11.
El listado continúa con un triple empate en el cuarto puesto, donde Argentinos Juniors, Independiente y Platense han recibido 9 goles cada uno. Más atrás, Ferro Carril Oeste, Gimnasia La Plata y Racing Club comparten la séptima posición, con 7 goles en contra, mientras que Atlanta, Huracán y River Plate siguen en la tabla con 6 goles olímpicos recibidos cada uno.
Detrás de cada gol olímpico, hay un arquero que se convierte en protagonista involuntario. A lo largo de la historia de la Primera División, hubo quienes sufrieron esta jugada en más de una ocasión.
Liderando esta desafortunada estadística, hay un triple empate en la cima: Rubén Omar Sánchez, Carlos Fernando Navarro Montoya y Antonino Rodolfo Spilinga han recibido la increíble cifra de cuatro goles de este tipo. Luego, Carlos Adolfo Buttice (San Lorenzo, Atlanta, Gimnasia La Plata, Colón), José Miguel Marín (Vélez) y Juan Marcello (Vélez -2- y Lanús) aparecen con 3 cada uno.
Una extensa lista de 22 arqueros se encuentra empatada con dos goles olímpicos recibidos cada uno, demostrando que esta jugada es un verdadero desafío compartido por muchos.
En este grupo se encuentran Agustín Mario Cejas, Alan Aguerre, Alberto José Poletti, Armando Roque Palacios, Carlos Alberto Rodríguez, Carlos Rafael Caballero, Ediberto Righi, Ezequiel Unsain, Francisco Antonio Ruiz, Héctor Eduardo Cannataro, Hugo Orlando Gatti, José Castro, José Luis Ducca, José Miguel Marín, José Spadazzi, Miguel Ángel Santoro, Norberto Américo Menutti, Oscar Alberto Luraschi, Osvaldo Rubén Toriani, Pedro Catalano, Ubaldo Matildo Fillol y Víctor Hugo Civarelli.
En la historia de Boca Juniors, el nombre de Rubén Omar Sánchez está ligado a una estadística tan singular como ingrata. El ex arquero, quien defendió los tres palos del Xeneize durante la década del 60 y 70, ostenta un récord que ningún guardameta desearía tener: es uno de los tres porteros en el fútbol argentino en haber recibido la increíble cifra de cuatro goles olímpicos en su carrera profesional.
El inicio de esta racha ocurrió en el Nacional de 1967 y se lo marcó Enzo Enrique Gennoni de Rosario Central. Aquella joya, que marcó el comienzo de una maldición particular. El maleficio se extendió apenas unos meses después, en el Metropolitano de 1968. El 14 de abril, Carlos Luis Zibecchi (ex Colón), jugador de Estudiantes de La Plata, repitió la hazaña. Cinco años después, en el Nacional de 1973, fue Alberto Antonio De Sa de Belgrano de Córdoba quien se encargó de dejar su nombre en la lista de verdugos de Sánchez, con otra pincelada desde el tiro de esquina. Finalmente, el 17 de febrero de 1974, en el Metropolitano, el arquero de Boca vio cómo su registro personal se sellaba con un cuarto y último gol. Esta vez fue Sergio Apolo Robles de Newell's Old Boys.
El nombre de Carlos Fernando Navarro Montoya está ligado a la historia grande de Boca Juniors, pero también a una estadística que le ha valido un lugar en la historia de los arqueros más damnificados por el gol olímpico. El primer gol olímpico que recibió fue el 9 de julio de 1985, en el Nacional de 1985. En ese entonces, el "Mono" defendía los colores de Vélez Sarsfield cuando Mario Hernán Videla, de Argentinos Juniors, clavó un tiro de esquina que se coló por el segundo palo. Ya en el arco Xeneize, la racha continuó. El 1 de octubre de 1989, en el Campeonato 1989-1990, Leonardo Madelón de Unión fue el autor de otro golazo desde el córner (arco de la redonda, pegándole desde el costado derecho con el empeine). Apenas unos meses después, el 6 de mayo de 1990, fue Jorge Acuña de Racing quien volvió a sorprender a Navarro Montoya. Finalmente, el último gol olímpico que recibió el "Mono" llegó en el Clausura de 1996, el 26 de mayo de ese año. En un partido vibrante, Paulo Silas de San Lorenzo le puso la frutilla del postre a la lista, sellando la estadística personal del Mono.
Leo Madelón defiende la pelota en sus tiempos de jugador de Unión, donde cumplió una brillante actuación y le marcó un golazo olímpico al Mono Navarro Montoya en el arco de la redonda.En el selecto y, a la vez, ingrato club de los arqueros que han recibido cuatro goles olímpicos en el fútbol argentino, se encuentra el nombre de Antonino Rodolfo Spilinga. En un partido entre Argentinos Juniors y Atlanta en el 71, el talentoso Benito Emilio Valencia (ex Unión) se encargó de marcar el primero de la serie. El fantasma del tiro de esquina volvió a aparecer en el Metropolitano de 1973, cuando Rubén Delfor Bedogni de Estudiantes de La Plata volvió a vulnerar su valla. Siguió en el Metropolitano de 1977, con la camiseta de All Boys, y esta vez a través de Manuel Horacio Santillán de Vélez Sarsfield. Para cerrar esta desafortunada cuenta, llegó el último y cuarto gol en el Metropolitano de 1978, a través de Víctor Jorge Mancinelli de Rosario Central.