No debe haber en la ciudad y en la región una institución que haya crecido tanto como Villa Dora en los últimos años. “No queremos perder jamás el alma del club de barrio”, dicen. No se quieren marear por las luces: esas que iluminan marcando el final de los bailes de domingos/lunes fueron las mismas que trajo la tele para mostrarlo al país todo cuando ganó las grandes batallas a puro vóley, mojándole las orejas a los grandes de Argentina. Ese crecimiento de Villa Dora se puede medir en trofeos y gloria, pero también en cemento: su avance edilicio es tremendo.




































