- Porque después de comer lo primero que compras es ropa. Y porque un auto no lo compra todo el mundo porque no todo el mundo puede. Además, un auto es un consumo aspiracional, asociado a la tecnología que nos posiciona socialmente mientras que a la ropa la necesitamos para vivir. Y cuando viajamos notamos la diferencia ya que todo es más barato afuera porque nuestros ingresos medidos en dólares respecto de la región y del mundo son altos. Por eso, cuando consumimos en el exterior nos parece todo barato, mientras que cuando queremos consumir en nuestro país no nos alcanza para nada. Lo que puedo decir es que cada vez que esto ocurrió en la Argentina no terminó bien y creo que estamos a tiempo de corregirlo. La la industria textil en los últimos años invirtió más de 1.400 millones de dólares, el sector en general está absolutamente tecnificado con la mejor tecnología, tiene índices productivos compatibles con cualquier país del mundo y gente capacitada que sabe hacer lo que hace. Estamos en condiciones de competir, pero yo no pongo el tipo de cambio, la tasa de interés, no determino el valor de las tarifas de los servicios públicos ni lo que cobran las billeteras virtuales. Somos un sector profundamente federal que genera mucho valor agregado, el proceso puede arrancar en Santiago del Estero o Chaco con el algodón, se hila en Catamarca, se teje en la provincia de Buenos Aires, se confecciona en Capital Federal y se vende en Tierra del Fuego. Cada vez que esa mercadería se transportó de un lugar a otro pagó impuestos nacionales, provinciales y municipales. El gobierno hace poco dictó la medida de que los impuestos nacionales tienen que separarse del precio para que la gente sepa cuánto de impuestos paga cuando está consumiendo, pero solo se refleja el IVA, no el resto de los impuestos. Cada vez que cruzo una frontera provincial pago ingresos brutos, Ganancias, impuesto al cheque, tasas municipales, esa catarata acumulativa de impuestos que termina siendo más del 50%.