-Nosotros pensábamos hacer un libro para entender cómo se vivía la polarización desde abajo, desde la sociedad. Hay pocos conceptos que tengan tanto arraigo como el de polarización. Estados Unidos es el país que más produjo investigaciones y discusiones sobre el tema porque en los últimos 50 años empezaron a medir que el país se iba dividiendo en torno a clivajes sobre temas, pero también a identidades partidarias, aunque tiene dos muy estables, demócratas y republicanos, cosa que no pasa en América Latina. Con Gabriel Kessler investigamos 4 años para entender qué significaba la polarización en América Latina y lo primero que vimos es que no estaba todo polarizado, que el punto común era más el descontento y que en todo caso la polarización era una de las formas en las que se expresaba el descontento. Pero no era la única. Hay coyunturas polarizadas como un referéndum o una elección de segunda vuelta donde se vota por si o por no, pero eso no siempre supone sociedades polarizadas. Hay polarización en las élites, pero no siempre seguida con la misma intensidad en la sociedad. Para entender qué es la polarización hay que pensar en tres dimensiones fundamentales: que haya dos posiciones principales que organizan la escena política, que sean dos posiciones más o menos diferenciadas, cuanto más extremas, más polarizadas y que eso tenga cierto arraigo en grupos sociales, que no sea algo puramente construido, fabricado a nivel público, mediático o político.