Por Darío Pignata - dpignata@ellitoral.com
Buenos Aires/Enviado Especial
Para el mundo del boxeo y sus fichas técnicas, Julio César. En Santa Fe, simplemente el “Zurdo”. Es más, en sus tiempos de esplendor, gloria, fama y dinero, directamente el apodo desplazaba al apellido: Vásquez. Ese mismo pibito al que daba lo mismo ubicar geográficamente en Villa del Parque o Santa Rosa de Lima. Como tantas historias que escribió el boxeo, deporte universalmente marginal si lo hay, pasó de nada a todo con la fuerza de sus puños: doble campeón del mundo súper welter AMB, 16 peleas mundialistas en el lomo, Olimpia de Oro, Kónex de Platino, dos veces mejor deportista de Santa Fe y para varios especialistas uno de los mejores boxeadores de la historia.
Muchos, directamente, le perdieron el rastro hace un par de años a Julio César Vásquez en Santa Fe. Dejaron de verlo por la Costanera corriendo, en algún sauna transpirando o en el siempre entrañable “Quincho de Chiquito” comiendo pescados y tomando unos vinos. Antes, dejaron de cruzarlo en los semáforos en sus imponentes coches cero kilómetros.
¿Qué quedó del “Zurdo” Vásquez?...¿Cómo anda?...¿Dónde vive?...¿Está en la lona, como se dice habitualmente en la jerga popular?...¿Por qué se sigue subiendo a un ring a los 41 años?...¿Por qué pierde con un chico desconocido en Mar del Plata hace diez días por nocaut en el primer round?. Para encontrar todas estas respuestas, El Litoral empezó a buscar -tarea para nada fácil- a Julio César Vásquez.
Nos encontramos en el barrio de Congreso, en la Capital Federal, a la siesta del lunes pasado. Nos fuimos a un bar que está en la esquina de Independencia y Uruguay, en la misma cuadra del departamento interno donde ahora vive junto a Mónica, su actual pareja, que no se separó de al lado del “Zurdo” en la hora y medio que estuvimos juntos. Al toque de la pregunta de rigor del mozo que nos atiende, la previsible “¿qué toman?”, aparece su primera ironía. Entonces de entrada, me doy cuenta que está bien, mejor de lo que yo pensaba. Porque es el mismo de antes, el mismo de siempre:
-¿Sabés una cosa?
-¿Qué “Zurdo”?
-Cuando era campeón del mundo, me sentaba en un bar a hacer una nota como ésta y cuando pedía la cuenta, venía el mozo y me decía “no debe nada señor Vásquez, es invitación de la casa”. Ahora, que me encantaría que me invite la casa, me cobran hasta el vasito de soda que viene con el cortado...
La llegada de Freddy Heer, el fotógrafo de El Litoral en Buenos Aires, abre el baúl de los primeros recuerdos. El del “Negro” Rubén Godoy es el primero, el más fuerte, el más cercano y el más lejano a la vez, porque ya no está con nosotros. Para los más jovenes que leen esta nota hay que decir que se trata del especialista de boxeo de la sección deportes del diario que lo acompañó en cada guerra arriba del ring. “Mandále saludos a Lalo”, en relación a Eduardo Salva, jefe de la sección fotografía, quien casi de cábala lo retrataba cada vez que el “Zurdo” pisaba la redacción de El Litoral con el cinturón de campeón mundial.
-¿Cómo estás, Julio?
-Bien, me siento bien gracias a Dios (largo silencio...)
-Te lo pregunto porque vos sabés que en Santa Fe la gente te quiere bien, te recuerda como un gran campeón y muchos tienen miedo de lo que te puede pasar arriba de un ring a los 41 años...
-Hago los deberes, te lo juro. Me hice todos los análisis, de pies a cabeza, para renovar la licencia como boxeador hace un mes en la FAB. No hay peligro de nada, aunque no estoy exento de comerme una mano como el otro día. De todos modos, ella lo sabe (N. de R.: mira a Mónica, su actual pareja) y yo soy consciente de que éste es mi último año.
-Es la primera vez que perdés una pelea por nocaut en la Argentina. ¿Cuánto te dolió lo de hace unos días en Mar del Plata contra Acosta?
-Ya pasó...
-Tu amigo Juan “Látigo” Coggi te llamó y te dijo que a lo mejor ya es momento de largar, Julio...
-Sí y lo tomo bien al consejo, porque Juan es amigo en serio. Pero quiero disputar una pelea más por campeonato mundial. No me quiero retirar así, dejando la imágen de Mar del Plata. Fui campeón del mundo dos veces, Olimpia de Oro, Kónex de platino. No puedo pedir más. Tuve un traspié que no me gusta. Fue la mano de suerte para mi rival, pero tengo que seguir trabajando.
-¿Cómo es entrenar a los 41 años después de toda la gloria que conseguiste?
-No te puedo mentir. Hoy me cuesta todo. Levantarme a la mañana. Cada vez que me acuesto después de las doce de la noche, me duele todo al otro día. Y eso que antes no pasaba. Son los años, qué le voy a hacer loco. Pero quiero aprovechar este último año para irme bien.
-¿Entendés los miedos de la gente que te aprecia respecto a que te pase algo arriba del ring, “Zurdo”...?
-A esta edad no me subiría al ring si no estuviera bien. Estoy haciendo todo en serio. Tengo colaboradores como tuve durante toda mi vida. Un PF, un entrenador, le doy bola al rincón. Pongo atención a lo que me dicen, siempre hay algo que aprender.
A puro zurdazo
Con 79 peleas como profesional, 43 nocauts, dos cinturones AMB como campeón mundial, 16 peleas por títulos del mundo, el baúl de los recuerdos de Julio César Vásquez tiene de todo. Hay que abrirlo, nada más.
-¿Cuál fue la pelea perfecta?
- (...piensa antes de responder)...La primera, con Kamiyama en Ferro, cuando fui campeón en el "92. Es que ahí no me conocía nadie (risas...). No, hablando en serio, las de Ronald Wrigth y Aaron Davis fueron buenas. Por lo menos, creo que hice las cosas bien.
-¿Y la de Carl Daniels, cuando recuperaste el título en Filadelfia?
-Uhhh, la de Carl Daniels. Estaba boleta, hermano. Al horno, con papas. Pensar que le gané por nocaut y en las tarjetas dieron empate. Esa noche estaba cobrando como loco. Pero el negro levantó un poquito la derecha y se la puse en la pera. Fue una mano espectacular, que entró, porque a veces no entran. Venía de una caída, por puntos no ganaba. Ese día, todos los que estaban conmigo enloquecieron. La disfruté mucho, aunque nunca demostré euforia arriba del ring cuando ganaba. Ni siquiera esa vez.
-¿Qué cosa te resulta, a esta altura, inolvidable después de todos los lugares, rivales, peleas...?
-La noche con Vernon Philips en Don Bosco. ¡Qué quilombo se armó esa noche en el Campo Universitario! Pasó de todo. Se le fue de la mano al árbitro, nos descontrolamos todos. Yo hubiera sido campeón del mundo sin perder una sola pelea porque de amateur no me había ganado nadie. Me acuerdo que un día, viendo tele, vi que Vernon Philips se consagraba campeón de la OMB en Estados Unidos. Acá, cuando vino a la Argentina, nos cagó a trompadas a todos: a mí, a Di Croce, a Domínguez. Unos años después, en Salta, lo crucé al promotor de esa pelea en Don Bosco, un tal Rodríguez. Me quiso hablar y lo mandé a la mierda.
-Un personaje, un lugar raro, una ciudad impactante...
-El personaje, lejos, Don King, que me levantó la mano cuando le gané a Carls Daniels, pero lo que más te impacta es Las Vegas como ciudad. Todo pasó rápido, loco. Salí campeón del mundo y me mandé 12 peleas mundialistas en tres años. Pero en los viajes no conocés nada, te llevan del aeropuerto al hotel. Y en el hotel, vas del gimnasio al pesaje y de la habitación al ring. Me acuerdo de Alma-Atá, parecía Rocky, entrenando con nieve y cagados de frío. Los viajes por el mundo lo único que te dejan en claro es lo atrasado que estamos como país en muchas cosas.
¿Cuánta plata llegó a tener?
Las fábulas hablan de un tipo que llegó a tener más de dos palos y medio “verdes” en el banco. Hablan de autos, casas, departamentos, de varios negocios encarados a modo de inversión. ¿Cuanto hay de cierto en lo que se dice?
-Siempre hablaste de “los amigos del campeón”, Julio. ¿Por qué te fuiste de Santa Fe, desaparecieron todos?
-Primero me fui a vivir a Bahía Blanca y ahora acá, en Buenos Aires, donde me encontraste. Mirá, yo tuve todo, pero aprendí a decir que no a los 41 años cuando estoy seco. Bueno, aunque eso de decir que no es de la boca para afuera. Si fuera mujer, hubiera tenido diez hijos.
-No quedó nadie, entonces...
-Mirá, un día agarré un colador gigante y metí todo ahí lo que me había pasado desde que fui camopeón del mundo. Toda la mugre quedó y saqué un poquito de lo rescatable. Estoy más tranquilo y eso no tiene precio. La plata va y viene, aunque la mía se fue rápido...(risas). Pero el amor viene y se va.
-¿Amigos del boxeo, Julio?
-Juan “Látigo” Coggi y Osvaldo Bisbal, presidente de la FAB, a quien conocí ahora y me demostró que es una buena persona.
-Horacio Pagani escribió el otro día en Clarín la anécdota de la bolsa millonaria en Atlantic City antes de pelear con Whitaker. ¿Fue esa pelea tu mayor bolsa, Julio?
-Te voy a contar algo de esa pelea con Whitaker que pocos saben. El día del pesaje, que es cuando uno está concentrado y metido, viene Osvaldo Rivero a la pieza y me dice “Hay problemas con la pelea, no te quieren pagar. Andá a hablar con los promotores”. Yo me preguntaba: ¿si este cobra como promotor o manager de mi plata, por qué tengo que discutir yo con los tipos? Los tuve que buscar por todo el hotel. Me desconcentré, pesé, peleé, pedí y me dieron 500.000 dólares en la mano. Después me enteré un día en la Federación que la bolsa había sido de tres palos verdes. ¡Me comieron dos millones y medio de dólares!.
-Frase hecha: “Julio César Vásquez llegó a tener dos palos y medio verdes en el banco”. ¿Frase cierta, “Zurdo”?
-Se hablan muchas boludeces. Desde que le gané a Kamiyama hasta la última pelea no llegaba a un palo verde. Con Castillejo, en Madrid, cobré 80.000 dólares y me correspondían 300.000 dólares. Así con todas las peleas.
-¿Qué le decís a Osvaldo Rivero si te lo cruzás por la calle?
-Hola, qué tal. La mierda de lo pasado ya está enterrada. Yo ahora estoy bien y duermo tranquilo.
-¿Cuándo fue la última vez que volviste a la ciudad?
-Hace una banda que no voy a Santa Fe. Aprovecho para mandarle saludos a todos. Y en especial a Chiquito, Mary, Carlitos y a todos los del “Quincho de Chiquito”.
-Te quedó Julito, tu hijo, “Zurdo”...
-Julito...(se le iluminan los ojos como nunca en la entrevista). Me preocupa que ande bien en la escuela, en el estudio. Se volcó a la natación. Los pibes hacen lo que le gusta a ellos. Hace poco le compré una guitarra. Mientras esté ocupado en esas cosas, yo a la distancia me quedo tranquilo. Yo miro punto.doc y me da miedo cómo se matan los pibes con el paco. Y lo de la plaza acá en Congreso, del tipo que le vende el papelito a los políticos. La droga es una mierda, loco.

































