Jugar rodeados de naturaleza. Los clubes y sitios de esparcimiento existentes en la zona son privados. Los niños deben conformarse con jugar en la calle o en la costa. Se calcula que viven casi cien familias en este barrio y que cada una tiene unos cuatro chicos. A pesar de que en su mayoría son tranquilos, los vecinos reconocen que la introducción de la droga al barrio pone en serio peligro a muchos de ellos.

































