Seis siglos después de la disrupción fundamental que significó la invención de la imprenta -la máquina de reproducción seriada que desactivó el monopolio del conocimiento y alentó la masificación de la enseñanza- la llegada de Internet ha revolucionado la matriz educativa: su poder transformador se concentra en la aparición de un nuevo sujeto de aprendizaje que, a diferencia del tradicional concepto de “alumno”, asimila conocimientos de manera no programada bajo una estructura no monitoreada por el Estado ni las religiones.


































