Si cabe la adjetivación un tanto manida, la de Josephine Baker fue una vida “cinematográfica”. Nacida en Estados Unidos pero emigrada muy joven a Francia, La “diosa de ébano”, tal como se la conoció en los años veinte, fue tanto una bailarina y actriz de teatro y cine que adquirió fama mundial en su juventud como parte de la resistencia francesa contra los nazis, militante contra la discriminación racial, simpatizante del trabajo de Eva Perón, amiga íntima de la actriz convertida en princesa Grace Kelly, musa de Pablo Picasso y Ernst Hemingway y generadora de una red de contención para los niños pobres del mundo.




































