-Respecto a las influencias, seguramente sean más de las que pueda nombrar, pero podría sentenciar algunos nombres que, con su poesía, me marcaron a fuego: Bolaño, Juarroz, Gelman, Centeya, Saer. Y para ser más precisos, la inimputabilidad de Bolaño, la precisión de Juarroz, la libertad de Gelman, la impronta de Centeya y la perfección de Saer. Éste último, particularmente, creo que supo hacer todo lo que un escritor querría: dictar a un oído, pintar su propia aldea; ser una máquina de lenguaje. También Centeya, y toda la vertiente del tango. Pero no la tangolatría, digamos, la harta melancolía y el discurso vivaracho, sino la sencillez de la lírica, la redondez de las imágenes y por supuesto, el gran sentido de pertenencia.