“Yo conocía a Gabo Ferro cuando vivía en Andalgalá, primero a través de sus libros, como un intelectual, con sus ensayos sobre política e historia, y a partir de eso lo conocí por su música y por ese acontecer tan particular que había sido el momento en que él abandonó el escenario para dedicarse a estudiar. Y después, esa vuelta tan profunda y tan importante para las canciones de nuestra música argentina, que fue volver con su guitarra, en una suerte de juglar, de trovador, de un existencialismo muy profundo y potente a nivel político también. ‘Pájaro tuerto’ es eso y cuando escuchamos que tenía ese ritmo de chacarera en sus esencias dijimos ‘esta es la canción para nombrar a Gabo Ferro’ también como parte del folklore argentino. Me parece súper importante hacerlo, porque Gabo abre las fronteras, abre los límites y nada mejor para el folklore que considerarlo adentro de su esfera. Porque en todo el tiempo que le tocó compartir las canciones, en el presente de las personas que lo iban a escuchar, su propuesta era folklórica y eso se reconoce y se agradece”.