“Teatro y territorialidad” serán los ejes sobre los cuales se moverá la próxima fecha de la Escuela de Espectadores de Santa Fe, que tendrá lugar el próximo sábado 3 de septiembre. El espacio físico, en este caso, se distribuirá entre el escenario habitual (es decir, el Centro Cultural Provincial, en Junín 2457) y el Foro Cultural de la UNL (9 de Julio 2150), donde los participantes accederán a una función de “Teatro salvaje”, la obra que la Comedia UNL estrenó este año como una forma de homenaje al fallecido dramaturgo y director Jorge Ricci.
La grilla empezará a las 11 en el espacio de calle Junín con una entrevista a Ricardo Bartís, actor, director teatral, docente y dramaturgo. Al mediodía seguirá con una clase magistral de Jorge Dubatti vinculada con la temática “Geografía teatral, geocrítica, geopoética”. A las 14 la actividad tendrá continuidad con el espectáculo “Teatro Salvaje”, en el Foro Cultural UNL. A las 15.30 habrá una charla con los actores y después (nuevamente en el CCP) se producirá un nuevo encuentro del taller de escritura para crítica teatral.
"Teatro salvaje", la Comedia UNL 2022. Foto: Juan Martín AlfieriLa experimentación como pilar
Ricardo Bartís accedió a dialogar con este medio en la previa a su participación en la Escuela de Espectadores de Santa Fe. Y si bien planteó que las temáticas sobre las cuales versará su intervención dependerá mucho de las preguntas que surjan de los alumnos, recordó algunas líneas centrales que la dieron carnadura a su extensa trayectoria en la escena. “Hay ciertos criterios de dirección que tienen que ver con una forma de concebir el lenguaje teatral, a mi entender, superadores de la dirección en el sentido tradicional, que sería la representación del sentido formulado en el texto”, señaló. Al respecto, puntualizó que gran parte de sus búsquedas se orientaron a liberarse del mandato que tiene el texto sobre la escena, para crear un lenguaje más autónomo y teatral.
“No es un desliz narcisista, pero no puedo hablar mucho por fuera de lo que es mi experiencia. Es evidente que eso me ha obligado a reflexionar. Primero, porque mi trabajo se da a contracorriente del modelo del teatro dominante, de lo que es dado a llamar el Teatro. Yo represento un teatro más marginal, alternativo, más precario y vinculado a la experimentación y a la búsqueda que al entretenimiento y a la industria cultural seria. Eso no me da ninguna chapa particular, pero es así. Me mantengo al margen de lo que serían las formas teatrales tradicionales. Sin embargo, me siento parte de la tradición argentina, cerca del relato escénico, del trabajo con los actores, la singularidad de un lenguaje que depende mucho de lo que pase con la presencia de los actores”, explicó.
Yo represento un teatro más marginal, alternativo, más precario y vinculado a la experimentación y a la búsqueda que al entretenimiento y a la industria cultural seria. Foto: Gentileza TNCLos efectos de la pandemia
Además de tener efectos muy concretos (dado que el año pasado cerró el Sportivo Teatral, espacio histórico que lo tenía como referencia) la pandemia de Covid 19 dejó, según Bartís, varias cicatrices en el teatro. “Primero, porque es un arte colectivo, que necesita de la comunión con los otros. Se hace en el intercambio entre personas, que son las que construyen el lenguaje, la obra. Después, en el campo simbólico, porque el teatro trabaja, no necesariamente de manera directa, con la idea de la muerte. Más allá de abordarlo como tema, está presente porque el tiempo que dura la obra es acotado. Allí hay una muerte. La pandemia convirtió eso en un signo permanente, ya no había campo simbólico sino campo de realidad. Todos estábamos con la sensación de que te podías contagiar y morir. Eso trajo muchas dificultades. Lo efímero, lo momentáneo, eso deja de ser una metáfora para convertirse en realidad”, explicó.
Debilidad del teatro alternativo
Otro diagnóstico de Bartís respecto a la escena actual, al menos la de Buenos Aires, es que existe un debilitamiento del teatro alternativo. “En los últimos años hubo un retroceso muy grande de los lenguajes y empezaron a primar situaciones de narraciones más tradicionales. Una mirada más ingenua sobre el teatro. Repeticiones. Apareció una necesidad de hacer que es positiva pero al mismo tiempo compulsiva. Eso llevó a reproducir, a refritar espectáculos ya vencidos. Eso sumado al teatro privado que son las redes sociales, que son como una competencia desleal para el teatro, porque ahí todo el mundo actúa, se autoelogia y se autoconfirma. Veo un estado de debilidad del teatro alternativo. No del teatro comercial, que está fuerte”, consideró.
Espacios de sostenimiento
En medio de este contexto algo sombrío, el rasgo positivo tiene que ver con que, pese a todo, siguen en pie muchos espacios alternativos que siguen produciendo. “Pero es un territorio que ha quedado debilitado. Hubo un momento en que ese territorio era más fuerte, producía materiales que discutían de manera muy nítida con el teatro tradicional. Todo esto que digo es, de todas formas, muy subjetivo. El teatro alternativo va a seguir siendo generador de lenguajes. Es el que ha desarrollado el teatro argentino. No son las superproducciones ni las supuestas figuras del espectáculo que salen en las notas de La Nación y de Clarín. El teatro alternativo es el que ha generado desarrollo de lenguajes y ha representado al país en los más importantes festivales internacionales”, cerró.