Como señala Clara Kriger, Steven Spielberg bien podría ser considerado el “Rey Midas” del cine norteamericano. Un artista en cuya producción se conjugan cine e industria. “Supo dar forma nueva a narraciones tradicionales, matizando con efectos especiales de última generación la saga de los héroes y sus reminiscencias míticas”, señala la misma estudiosa del cine. Está considerado, en efecto, uno de los autores que supieron aportar savia nueva al cine estadounidense en los ‘70, sin perder de vista las preferencias del público.
Pero, ante todo, es un hombre en cuya niñez y adolescencia el arte (en su caso, el cine) fue mucho más que un pasatiempo, un aliento vital. Algo de esto explora en “Los Fabelman”, su nuevo film semi autobiográfico que se estrenará el próximo 26 de enero. “El amor es un tema central de la película, desde el familiar hasta el romántico y ese siempre demandante que es la pasión por el cine”, escribió al respecto la crítica de cine María Fernanda Mugica.
Para poder disfrutar de “Los Fabelman” en todas sus dimensiones, una condición esencial es volver a ver algunas de sus películas icónicas. Aquellas en las cuales, de una u otra manera, puso en funcionamiento sus cualidades narrativas. Porque, en definitiva, eso es Steven Spielberg más allá de la parafernalia de efectos visuales que suele utilizar: un hombre enamorado de las historias y los caminos para contarlas. En este caso, elegimos seis.
“Tiburón” (1975): ¿Cómo manipular al espectador con una cámara movediza que cambia constantemente de punto de vista, sugiriendo sin mostrar demasiado y con unos pocos acordes? Spielberg, como alumno aplicado del maestro Alfred Hitchcock responde estas preguntas con este film que quedó incorporado en el imaginario popular y cuyos ecos se mantienen hasta el día de hoy. La irrupción de un escualo asesino en la costa de un pequeño pueblo del Este de los Estados Unidos, le sirve a Spielberg para redefinir el rumbo del género del terror en la pantalla, algo que haría pocos años después con el de aventura a través de “Los cazadores del arca perdida”.
“E.T.” (1982): Ya en “Encuentros cercanos del tercer tipo” había abordado el tema de los visitantes de otros planetas, pero con un tono más similar al de la ciencia ficción. En la que quizás sea su película más famosa, relaciona los componentes de ese género con las aventuras juveniles. En este punto, habría que enfatizar que Spielberg conoce a la perfección la mirada del mundo que procede de la niñez. Así, la historia de un extraterrestre perdido en la Tierra que recibe la ayuda de un grupo de chicos se convierte en un entretenimiento que jamás decae. Muchos años después, Spielberg dejaría de lado su mirada indulgente sobre los seres de otros puntos del espacio para filmar la sombría “La guerra de los mundos”.
“El imperio del sol” (1987): Esta película, inspirada en la novela autobiográfica de J. G. Ballard, fue junto a “El color púrpura”, el intento de Spielberg de demostrar que era más que un director especialista en films livianos de entretenimiento (como si esto fuera poco). Es una historia sobre la pérdida, el desarraigo, la identidad y, por sobre todo, del paso de la niñez a la adolescencia. ¿Las circunstancias? La ocupación de Shanghai durante la Segunda Guerra Mundial y los cambios que esto produce en la privilegiada vida de un niño inglés de clase alta, que es separado de sus padres y confinado en un campo de concentración. Spielberg asume el punto de vista del joven (encarnado por Christian Bale) y desarrolla una mirada sobre la catástrofe de la guerra que profundizará más adelante.
“La lista de Schindler” (1993): El mismo año que logró un éxito de taquilla extraordinario con “Jurassic Park”, Spielberg dirigió esta película que le otorgó la tan ansiada respetabilidad para su obra. Vuelve la mirada sobre uno de los capítulos más tristes del siglo XX, el Holocausto, a través de la reconstrucción (bastante libre) de la vida de Oskar Schindler (Liam Neeson), un empresario alemán que salvó de los campos de concentración a cientos de obreros judíos. La obra es tan profunda como dolorosa y lograda técnicamente. Spielberg no ofrece concesiones, entiende que “La lista de Schindler” es algo más que una película, es una especie de documento para que lo que allí se cuenta no se repita. La escena en la que Schindler descubre que pudo haber hecho mucho más por sus semejantes que lo que hizo, es estremecedora.
“Jurassic Park” (1993): Uno de los fenómenos cinematográficos más grandes de los años ‘90 y del siglo XX. El film generó un inusitado interés por los dinosaurios en el mundo entero y demostró las cualidades narrativas de su director. También es una mullida crítica al liberalismo exacerbado y a la tentación humana de querer convertirse en Dios. Un multimillonario consigue clonar dinosaurios del Jurásico y decide crear un parque temático en una isla. Antes de abrirlo, convoca a un grupo de científicos para que evalúen la viabilidad del proyecto. Pero, como ocurre cuando hay ambiciones desmedidas de por medio, todo se complica. “Jurassic Park” cuenta con un sólido elenco encabezado por Sam Neill, pero los que se llevan toda la atención son los dinosaurios recreados gracias a los avances técnicos de la época. 30 años después, todavía impresionan.
“Rescatando al soldado Ryan” (1998): Spielberg contextualiza varias de sus películas en diferentes episodios de la Segunda Guerra Mundial. Inclusive la cómica “1941” está ambientada en ese episodio del siglo XX. Sin embargo, ninguna capturó con tanta precisión la complejidad de un enfrentamiento armado como la recreación del desembarco en Normandía que hizo para este film. Tom Hanks interpreta a un capitán que debe conducir a un grupo de soldados norteamericanos para buscar al soldado James Ryan, cuyos tres hermanos han muerto en la guerra. El derrotero de estos hombres, expuestos a la muerte en cada instante, sirve para mostrar la crueldad y el sinsentido de los enfrentamientos. Spielberg lo hace una vez más: entretiene, convence y llama a reflexionar.