Predispuesto al debate y al intercambio de ideas. Capaz de esgrimir argumentos sólidos, difíciles de refutar. Así es Mariano Llinás. Cuando construye una reflexión, vale la pena escucharlo con atención y respetar sus pausas: las ideas que desarrolla siempre adquieren una notable frondosidad. La misma, por otra parte, que poseen sus películas, que siempre tienen algo nuevo para decir y son desafiantes al mismo tiempo en términos de financiación, producción y criterios de exhibición (“Historias extraordinarias” dura 245 minutos y “La flor”, 808).
































