-La potencia de la narración oral escénica, de la narración oral artística, de este arte de contar “con todo el cuerpo y a viva voz”, se ha puesto en valor en cada situación de catástrofe, de crisis, en circunstancias de riesgo y vulnerabilidad por las que han pasado diferentes países, regiones: terremotos, huracanes, (sin ir tan lejos, las inundaciones que padecimos los santafesinos), y con mayor fuerza durante esta pandemia, en la que todo el mundo se ve afectado por un alto grado de incertidumbre, de angustia, de la permanente “alerta” que pesa sobre nuestras vidas y de la de los que queremos. ¿Por qué? Porque la palabra viva, dicha así, mirándonos a los ojos, ya nos da un reaseguro de humanidad: para alguien no somos un número más, ahí, cerca está ese otro/otra con quien podemos compartir lo que soñamos, lo que nos asusta, lo que nos conmueve, nos duele, lo que nos alegra y da esperanza y, sobre todo, imaginar juntas/os realidades mejores para reinventarnos.