Esa evocación folclórica tiene mucho que ver con el recorrido vital de Leandro, que creció en Macachín, un pueblo de La Pampa. “Todos los pueblos de esas dimensiones tienen un vínculo directo con las tradiciones agrícolas ganaderas, contenida en el folklore como expresión cultural. La música folklórica está disponible, suena en las radios de las camionetas, en los almacenes, en las fiestas tradicionales televisadas como Cosquín. Y en esa adolescencia también tuve una banda de rock, con amigos, que dejó cierta impronta. Los sonidos electrónicos se sumaron por gustos e influencias puntuales, pero enmarcado en una época con un devenir tecnológico”, señaló.