Hoy la tecnología, los influencers y la cantidad de personas que hay histéricamente tratando de llamar la atención en las redes sociales; “entreteniendo”. Muchos de ellos llamándose artistas, o haciéndonos creer que hacen arte. No saben que la Capilla Sixtina hace 500 años ya que todos los días de la vida tiene cuatro colas de personas queriendo entrar a ver esa exposición artística sublime: miles, y cientos de miles, y de millones de personas seguirán pasando por ahí. Lo pongas en Instagram, en Facebook, o no lo pongas. Con el advenimiento de todos los entretenimientos y todas las distracciones que se te ocurran, eso va a seguir sucediendo. Queen va a seguir sucediendo, Los Beatles van a seguir sucediendo, Mozart, Beethoven van a seguir sucediendo. ¿Por qué? Porque transforman, porque conectan la obra; conecta al artista, a su sentir, con esa persona de una manera directa: es la manera más íntima y profunda de relacionarnos los seres humanos: ¿Y cuál es el beneficio? Es recobrar la conciencia de uno mismo. Y eso repara todas las enfermedades, todas las tristezas, todos los sufrimientos. Una obra artística de alguna manera da alegría, que es muy distinto a entretener. El entretenimiento es una distracción; el arte es conectar, no te distrae: al contrario, te conectás. El entretenimiento, sí te distrae: es esta cosa de “me gusta”, es esta cosa de “pasarla bien”.