“¿Cómo estás? Tanto tiempo”, tira Manu. Lo dice con el swing del que habló hace dos o tres días con su interlocutor. Como si la correspondencia no se hubiera frenado en algún momento. Fue un poco así, pero un artista nunca deja de enviar señales desde su código-posta. Manu y yo nos cruzamos tres veces en tres ciudades distintas: recital en Rosario, par de porrones en Buenos Aires (2014), entrevista-acústico en Santa Fe (2017). Dos de esos lugares, probablemente los tres, ya no existen más.



































