Yo digo que es un trauma, porque es liberador poder poner en palabras menos agresivas que las que hubiera verbalizado si lo hubiera conocido, canalizarlo por el lado creativo. Todo el tiempo estoy escribiendo sobre mi papá, al que no conocí. De una u otra manera, las historias encuentran un hilo conductor en un personaje que quizás, por esta curiosidad, me lo imagino y tengo la necesidad de describir lo que hubiera pasado, lo que hubiera sido, lo que no tuve. Tengo un cuento que se llama “Aura” en el que empecé hablando de mis migrañas y terminé hablando de mi viejo... ¿Cómo pasó esto si no era la intención? Creo que tiene que ver con la infancia, con los traumas, pero también con una mirada más feliz de la vida. Es una perspectiva que me gusta para contar desde la inocencia, porque está todo por descubrirse todavía.