Los celulares en manos pequeñas, sin el debido control de un adulto, pueden derivar en una serie de situaciones no deseadas. Un ejemplo elocuente y bien reciente es el caso de un hombre que tuvo que vender el coche familiar para pagar las deudas que su hijo de siete años acumuló en un jueguito móvil. Los protagonistas de la historia son Muhammad Mutaza, que trabaja como doctor y reside en Gales, y el pequeño Ashaz.
































