No es una locura pensar que, de haber vivido en la Roma de 1946, Bruno Stagnaro podría haber sido un exponente del neorrealismo. Es que lo que hizo con “Okupas” en 2000 fue más o menos lo mismo que hicieron Roberto Rossellini, Vittorio De Sica y Luchino Visconti en esa Italia consumida por las llamas de la Segunda Guerra Mundial: contar historias cotidianas de gente común que sufre en carne propia los embates de la realidad.


































