Hay películas cuya producción se vuelve un calvario, un laberinto donde el director se pierde. "Apocalypse Now", con Coppola al borde del colapso en la jungla filipina. "Fitzcarraldo", con Herzog remolcando un barco por la selva. O "El hombre que mató a Don Quijote", de Terry Gilliam, que se demoró casi 30 años, son ejemplos.

































