La presencia de Paul Schrader en el campo de la cinematografía empezó a gestarse en la primera mitad de la década de 1970. No es casual: eran los tiempos en que unos jóvenes que se habían formado en escuelas de cine (Francis Ford Coppola, Steven Spielberg, Brian De Palma) impulsaban una redefinición de los géneros clásicos, que venían en declive desde la década anterior. Veneraban a los clásicos (Hitchcock resultó un referente para todos ellos) pero tenían la suficiente irreverencia para sintonizar con las nuevas demandas del público. Entre esos directores estaba Martin Scorsese, quien le brindó a Schrader su primera gran oportunidad al convocarlo como guionista para “Taxi Driver” (1976).
































