Aunque hoy es uno de los músicos más ricos del mundo, con una fortuna superior a los 300 millones de euros, sorprende que cuando habla uno puede escuchar al niño que vivió en la pobreza más paupérrima en su Liverpool natal y al obrero de una fábrica que soñaba con irse a vivir a Texas para estar más cerca de su ídolo musical que fue en su juventud, antes de que un encuentro fortuito le convirtiera en uno de los Fabulosos 4. Aunque de vez en cuando se vaya por las ramas y repita algunas cosas, Ringo mantiene intacta su lucidez mental y antes de despedirse deja un pedido para los lectores de La Vanguardia: que todos pidan amor y paz a las 12 del mediodía para celebrar este cumpleaños tan especial.






























