Desde su estreno en 2016, Stranger Things no solo revivió la estética ochentosa en pantalla: también logró que canciones de hace más de 30 años volvieran a liderar rankings globales. ¿Cómo lo hizo? A través de un uso inteligente y emocional de la música que va mucho más allá de lo decorativo y se convierte en un personaje más.
Stranger Things 5.La música como salvavidas narrativo
El fenómeno Stranger Things no se explica únicamente por su trama sobrenatural ni por su elenco juvenil carismático. Uno de sus pilares más sólidos ha sido la curaduría musical: cada temporada integra temas emblemáticos de los 70 y 80 que no solo ambientan, sino que conectan emocionalmente con los personajes y el espectador.
Un ejemplo paradigmático es el uso de “Running Up That Hill” de Kate Bush en la cuarta temporada. La canción, lanzada en 1985, no solo acompañó uno de los momentos más dramáticos de la serie —la lucha de Max contra el villano Vecna—, sino que se convirtió en símbolo de resistencia emocional.
Tras su emisión, volvió a los primeros puestos de Spotify y Billboard, generando millones de reproducciones y abriendo a nuevas generaciones el legado de Bush.
Clásicos reanimados
Master of Puppets de Metallica, Should I Stay or Should I Go de The Clash, Africa de Toto, Time After Time de Cyndi Lauper y Never Ending Story de Limahl son otros ejemplos de canciones que encontraron una segunda (o tercera) vida gracias a la serie.
Muchas de estas piezas habían caído en un relativo olvido comercial. Stranger Things no solo las recuperó, sino que las resignificó para la audiencia contemporánea. El impacto fue tal que incluso algunas discográficas relanzaron vinilos o reediciones especiales tras el éxito en pantalla.
El proceso no fue azaroso. Los hermanos Duffer —creadores de la serie— trabajaron estrechamente con un equipo de supervisores musicales para elegir cuidadosamente cada tema. La clave: no usar música solo por nostalgia, sino para amplificar emociones.
En este sentido, Stranger Things se diferencia de otras producciones que apelan a la cultura vintage como un mero guiño visual. Acá, cada canción funciona como un dispositivo narrativo: refuerza climas, expresa silencios, y a veces, como con Kate Bush o Metallica, salva literalmente a un personaje.
Cultura retro y memoria emocional
La serie logró que adolescentes que nunca habían escuchado a The Clash ahora canten Should I Stay or Should I Go como si fuera propia. Ese fenómeno habla de una operación más profunda: la serie no solo homenajea el pasado, sino que lo reactualiza en clave emocional, convirtiéndolo en parte del presente cultural.
Esta tendencia, que algunos críticos definen como “nostalgia operativa”, funciona especialmente bien en una era saturada de estímulos y remakes: en lugar de simplemente repetir, Stranger Things resignifica.
En el último capítulo, que rompió récrods de vistas en streaming, "Purple Rain" de Prince es el protagonista en el final más esperado por los fans. "The Tropper", un clásico de Iron Maiden, aparece en los últimos minutos para respaldar la pose rebelde de unos de sus personajes principales.
La música y la amistad como legados en Stranger Things.La música como legado
Stranger Things dejó una huella indeleble en la cultura contemporánea. No solo por su trama de ciencia ficción, ni por su homenaje a Spielberg o Stephen King, sino porque demostró que una buena canción, bien usada, puede contar una historia completa.
Y en tiempos de hiperconexión, quizás no haya nada más poderoso que una melodía que nos devuelva a algún lugar —real o imaginario— del que no queremos irnos.