Reconocido por sus puestas en escena consagradas a autores tan diversos como Shakespeare, Albert Camus, Armando Discépolo y Arthur Miller, Rubén Szuchmacher es una de las voces más autorizadas en el país para hablar sobre teatro. Mientras aprovecha el paréntesis que impuso la cuarentena para ajustar ideas que desandará en sus próximas obras, estudiar idiomas y escribir, acepta una entrevista con El Litoral. Y sus respuestas son, a tono con su trabajo, agudas, rigurosas y firmes. Asegura que en estas circunstancias el hecho teatral es imposible: “si uno acepta eso, todo lo demás son paliativos”. Señala que las opciones tecnológicas que posibilitan ver obras on line solo permiten acceder a los “restos” del teatro. Y que esta situación de aislamiento forzado debe servir como instancia de estudio y reflexión para la gente vinculada con las artes escénicas.
—En estos días en los cuales la posibilidad de ensayar está imposibilitada, las salas están cerradas. ¿Cómo se sigue trabajando en el teatro?
—Lo primero es aceptar que el teatro es una actividad que solo se constituye en la presencia. Si uno acepta eso, todo lo demás es una especie de paliativo. La pandemia puso en evidencia de manera crucial esa cuestión del encuentro físico que tiene el teatro y la gran diferencia con cualquier otro tipo de arte diferido. Uno puede leer un libro, apreciar un cuadro. Puede hacer una cantidad de cosas, pero en las artes escénicas tiene que estar en relación con espectadores y eso hoy no se puede. El primer paso es la aceptación, a partir de ahí, uno hace lo que puede o aquello que tiene disponible. Yo hago algunas cosas, pero sé que no hago teatro. Teatro sólo voy a poder hacer cuando pueda hacer de nuevo funciones de “Hamlet” o ensayar la obra que tenía pensada para estrenar en el Cervantes.
—¿Cuando habla de paliativos incluye estas acciones que se llevan adelante para ver obras on line?
—Si. Pero eso tiene un efecto inesperado que me parece muy interesante. Lo viví con la proyección de “Hamlet”. Durante mucho tiempo, mucha gente que no vive en Buenos Aires y no tenía la posibilidad de acceder a la obra, me pedía que fuera de gira. Algo muy difícil, porque la obra tiene sus bemoles en temas escénicos, es un elenco grande. Y de golpe, apareció esta posibilidad de ver la obra en streaming, estuvo algunos días colgada, y la vio una cantidad de gente impensada. En tres o cuatro días, más del doble de la gente que la vio año pasado en el teatro. Eso es un paliativo, la obra no es teatro en el sentido de que no se produce el encuentro real. Pero si algún resto. Yo llamo “resto” a eso que se pudo ver. Alguna gente pudo ver el “resto” de una función del año pasado. Es como ir a ver un espacio arqueológico. La experiencia hubiera sido completamente distinta si hubiéramos ido de gira. No es que uno asiste al teatro, sino que se entera de como son las obras.
—¿Y esta apertura a públicos nuevos, puede permitir que una vez superada la pandemia esa gente se vuelque al teatro en forma presencial?
—Eso no lo sé. Es como querer saber cuando termina la cuarentena. Hay gente de mi entorno que me pide que recomiende obras y como a mí me llega prácticamente todo lo que se da, hago una especie de pool de distribución de las cosas que están on line. De alguna manera, si esto dura en el tiempo, es posible que se produzca un acostumbramiento por parte de la gente. No lo sé. Llevamos un mes de cuarentena y hay mucha gente desesperada por tratar de hacer algo. Pero no sabemos. Qué va a pasar con el público es una rama de la adivinación que no manejo (risas).
—¿Qué es lo que puede hacer la gente vinculada al teatro para no sentir este tiempo como perdido?
—Lo mejor que se puede hacer es estudiar. Más allá de la desesperación profesional de la gente que no tiene laburo, ese es un problema que se deberá resolver a nivel estatal a través de subsidios. En términos de lo que puede hacer, diría que aprovechar el tiempo estudiando. Sobre todo en cierto sector del teatro, compulsivo de estrenar sin revisar sus materiales. Esto se da sobre todo en Buenos Aires, donde un sábado llegó a haber más espectáculos que en una ciudad europea. Eso no necesariamente implica calidad. Me parece que este es un momento para reflexionar. Dada la imposibilidad, está bueno revisar que es lo que se está haciendo. Producir foros de discusión. Usar el Zoom, además de para pavear y verse con amigos, para poder discutir con otras personas. Tratar de armar grupos. Evitar la pregunta: ¿Qué va a pasar después?, porque eso no lo sabe nadie, pero si tratar de repasar lo que uno hizo hasta acá. Y hacer eso en un momento en que no hay que resolver, es lo posible. Algo importante que sabemos, es que no habrá teatro por muchos meses, por más que se levante la cuarentena. Es una de las actividades a las que más va a costar volver. Ya existe entre la población una desconfianza y el público del teatro, por lo menos en Buenos Aires, está formado por mucha gente en edad de riesgo. Creo que si saliera una vacuna, la gente volvería contenta. Diferente del hincha de fútbol, que iría, si es necesario con traje de buzo, pero iría. Estoy totalmente de acuerdo con los criterios utilizados para que no se expanda el virus. Lo que me parece es que el teatro inevitablemente va a tener grandes dificultades.
—Costará mucho. Aunque un día las autoridades digan que terminó el riesgo, la modificación en las conductas quedará muy arraigada.
—Creo que si, por lo menos durante un tiempo. Yo por ejemplo, trataba de hacer memoria respecto de la gripe A, cuando también se cerraron los teatros por tres semanas. Pero algo pasó con la gripe A que no llegó a tener esta virulencia mundial y este nivel de locura.