Diez años parece una porción breve de tiempo. Pero también es cierto que Argentina se ocupa que diez años tengan una dimensión diferente. Ocurren, cambian, y se modifican tantas cosas en diez años la sensación es de “eternidad”. En estos diez años, la gente que empezó este emprendimiento, gente con mucha capacidad, una enorme entrega y un compromiso fantástico, creyó necesario recuperar la figura de un banco local. Y el proyecto fue adecuándose de manera ágil a las necesidades de la época. Y hoy toda esta reflexión tiene que ver con la capacidad de adaptarse, de aprovechar las oportunidades y de mostrar que el esfuerzo, la dedicación y el compromiso terminan produciendo resultados positivos. Hoy el banco tiene un desempeño muy bueno, que muestra ratios e indicadores por encima de los que posee el promedio general del sistema financiero argentino. Bica es un banco que supo, y en esto tuvieron mucho que ver las exigencias de la pandemia, construir una versión virtual, que puede ofrecer todos los productos, desempeños y prestaciones que se le reclaman a un banco digital, y por eso estamos en condiciones de atender a clientes de Tierra del Fuego a la Quiaca. Y también es un banco presencial con el compromiso de estar al servicio, de atender y satisfacer a todos aquellos que aún creen que el contacto personal es imprescindible, que la visita, la recomendación, el consejo y la atención personalizada siguen teniendo valor y sentido. Lo que intentamos enfatizar en esta reflexión, es que nada es blanco o negro, no hay virtualidad exclusiva ni presencialidad plena y sí una voluntad de adaptarse, evolucionar y asumir que los tiempos que nos tocan vivir requieren de una exigencia a la cual hay que satisfacer.