Descubren el origen de los misteriosos “puntos rojos” en el universo
Investigadores de Copenhague dieron a conocer que la naturaleza de estos cuerpos en el cosmos son agujeros negros primordiales, cambiando la percepción de su formación temprana.
Descubren el origen de los misteriosos “puntos rojos” en el universo
Astrónomos internacionales han resuelto uno de los enigmas más persistentes del cosmos: los llamados “pequeños puntos rojos” que aparecen en las imágenes del espacio profundo. Gracias al Telescopio Espacial James Webb, estos objetos ahora se identifican como manifestaciones de agujeros negros primordiales envueltos en densas nubes de gas, un hallazgo que ofrece nuevas claves sobre los primeros pasos del universo tras el Big Bang.
Desde que el Telescopio Espacial James Webb (JWST) comenzó a enviar imágenes del universo lejano, los astrónomos quedaron intrigados por la presencia de diminutos puntos rojizos —tan antiguos como extraordinarios— en los confines del cosmos. Estas manchas, conocidas como “little red dots” o pequeños puntos rojos, aparecen en lugares donde el universo tenía menos de 1.000 millones de años de edad, cuando era apenas una fracción de su vida actual.
Astrónomos internacionales han resuelto uno de los enigmas más persistentes del cosmos: los llamados “pequeños puntos rojos”.
Aunque su existencia fue documentada desde 2022, su origen y naturaleza permanecieron sin explicación clara hasta ahora. Equipos de investigadores de la Universidad de Copenhague eligieron estudiar el fenómeno durante más de dos años, analizando exhaustivamente las imágenes infrarrojas captadas por Webb.
De puntos rojos a agujeros negros primordiales
El trabajo científico, publicado recientemente en la revista Nature, señala que muchos de estos puntos no son galaxias extremadamente compactas ni cúmulos de estrellas, como se había especulado, sino marcas de agujeros negros primordiales que surgieron en las primeras etapas del universo.
Estos objetos estarían envueltos en densas envolturas de gas ionizado que dispersan su luz y le dan el tono rojizo tan característico. Este gas actúa como una “capa” que oculta parcialmente la fuente central, haciendo que los puntos brillen con un tinte rojo visible en las imágenes de Webb.
Este descubrimiento no solo resuelve un misterio fotográfico, sino que cambia la percepción científica sobre el crecimiento temprano de los agujeros negros, sugiriendo que estos fenómenos pudieron alcanzar grandes tamaños mucho más rápido de lo que se pensaba.
Entender los puntos rojos no es un detalle menor de la astronomía moderna. Estos objetos se formaron cuando el universo apenas tenía entre 600 millones y 1.500 millones de años tras el Big Bang, un período clave para estudiar cómo se organizaron las primeras estructuras cósmicas.
El hecho de que representen fases tempranas de agujeros negros supermasivos ayuda a explicar por qué estos gigantes cósmicos existen tan pronto en la historia del universo y cómo pudieron crecer de forma tan acelerada. También apunta a que las condiciones reinantes en ese entonces eran propicias para formar regiones de intensa gravedad en lugares muy compactos.
El trabajo científico señala que son marcas de agujeros negros primordiales que surgieron en las primeras etapas del universo. Imagen ilustrativa
Desafíos que quedan por delante
Aunque el origen de los puntos rojos ahora tiene un marco explicativo robusto, no todos los detalles están resueltos. El papel exacto del gas circundante, la manera precisa en que estos agujeros negros primordiales crecieron, y cómo se relacionan con las galaxias que hoy conocemos siguen siendo temas de investigación activa.
Además, el uso de otras longitudes de onda —como radio o rayos X— por parte de telescopios terrestres y espaciales promete refinar aún más el entendimiento de estos objetos.
El hallazgo de que los misteriosos puntos rojos del universo temprano son manifestaciones de agujeros negros primordiales representa un avance significativo en la cosmología moderna. No solo explica una señal visual que desconcertaba a los astrónomos, sino que también abre nuevas puertas para explorar la formación de los primeros agujeros negros y las condiciones del universo primitivo. A medida que más estudios aprovechen la potencia del Webb y otros observatorios, nuestra visión del cosmos continuará profundizándose y transformándose.