La primera postal que recuerda Lidia Hediger es sencilla y entrañable: su abuelo sentado en el patio de la heladería despalillando frutillas para preparar el helado al agua. “Hoy todo viene envasado, pero en los años 70 hacíamos todo manualmente”, rememora. A su lado, los tres nietos ayudaban jugando con nueces y almendras mientras él disfrutaba de un fernet, prohibido para los chicos por la madre. Esa es la primera imagen que guarda de la historia de la Necochea.




































