“¡Dios, llevame al cielo!”. Ese era el ruego constante de Agustina, una nena mendocina de seis años que sufre bullying desde que comenzó su vida escolar. “Ya el año pasado le decían cosas en el jardín, pero por ahí como era más chica no se daba cuenta pero ahora sí y le duele lo que escucha. Todos los días regresa a casa llorando, enojada, nos pide no ir más a la escuela”, contaba su padre en abril.


































