El jerarca nazi Adolf Hitler (1889-1945) no se habría suicidado de un disparo y podría no haber muerto en un búnker en Berlín, según una nueva investigación realizada por científicos estadounidenses.
Un fragmento de cráneo supuestamente del Führer que era conservado desde hace décadas por los rusos resultó ser en realidad de una mujer de unos 40 años, de acuerdo con nuevos estudios de ADN.
Científicos e historiadores discutieron durante largo tiempo sobre la autenticidad de lo que era prueba concluyente de que Hitler se disparó en la cabeza después de tomar una píldora de cianida el 30 de abril de 1945 para evitar caer en manos de los soviéticos, informó la agencia Europa Press.
El trozo de cráneo, que presenta un agujero de bala, había sido sacado del búnker de Hitler por el ejército ruso y fue preservado por la Inteligencia Soviética.
Pero ahora, la historia de la muerte de Hitler tendrá que reescribirse como un misterio, y los teóricos de la conspiración podrán volver a especular con que Hitler no murió en el búnker después de todo.
La historia tradicional es que Hitler se suicidó junto con Eva Braun mientras los rusos bombardeaban Berlín. Aunque algunos historiadores dudaron de que se disparase a sí mismo y sugirieron que se trataba de propaganda nazi para hacerlo un héroe, el agujero en el fragmento de cráneo parecía consolidar la teoría inicial cuando fue presentado en Moscú en el año 2000. Pero análisis de ADN realizados ahora por investigadores estadounidenses cambian todo.
“Sabemos que el cráneo corresponde a una mujer de entre 20 y 40 años”, dijo la arqueóloga de la Universidad de Connecticut, Nick Bellantoni.
“Los huesos parecían muy finos. Los huesos de varón tienden a ser más robustos. Y las suturas donde su juntan las placas del cráneo parecen corresponder a alguien con menos de 40 años, cuando Hitler tenía 56 cuando murió”, explicó, según publica el rotativo británico Daily Mail.
El profesor Bellantoni voló a Moscú para tomar muestras de ADN de los Archivos del Estado donde también se conservan los restos de sangre hallados en el sofá del búnker donde se cree que Hitler y Brown murieron juntos. “Yo tenía la referencia de fotos que los soviéticos tomaron del sofá en 1945 y estuve viendo exactamente los mismos restos en los fragmentos de madera y tela que tenía ante mí. Así que supe que estaba trabajando en el camino adecuado”, dijo.
Todos los restos de Hitler trasladados a Moscú al término de la guerra fueron almacenados en secreto durante décadas, hasta que en 1970 la KGB los incineró y arrojó las cenizas a un río.
Únicamente la mandíbula, el fragmento de cráneo y los trozos de sofá impregnados con restos de sangre fueron preservados hasta nuestros días.
Bellantoni estudió los restos tras volar a Moscú para inspeccionar los truculentos restos de Hitler en los archivos del Estado. Sólo se le permitió estudiarlos durante una hora, tiempo durante el que obtuvo muestras de ADN, para su traslado posterior a su laboratorio en Connecticut.
En el centro de genética, se aplicaron técnicas propias de medicina forense usadas para esclarecimiento de crímenes. Para su sorpresa, una pequeña cantidad de ADN viable fue extraída.
Entonces, lo replicó a través de un proceso conocido como copia molecular para proporcionar suficiente material dedicado al análisis.
Fuente: Télam

































