Buena parte de la Península Ibérica lleva dos días amaneciendo entre el encanto sublime de un paisaje familiar que se amarilleó de repente y la sensación de que los eventos extremos, ya sean naturales o políticos, se acumulan sin descanso. El miércoles continuarán las lluvias de polvo y barro, así como la mala calidad del aire en numerosas zonas de España.


































