Las olas de calor y las temperaturas extremas ya no solo representan un fenómeno climático excepcional, sino también un problema sanitario cada vez más visible en distintos países de la región.
Una investigación realizada en Brasil alertó sobre el aumento de fallecimientos vinculados a enfermedades respiratorias durante períodos de temperaturas extremas. Los adultos mayores aparecen como el grupo más afectado.

Las olas de calor y las temperaturas extremas ya no solo representan un fenómeno climático excepcional, sino también un problema sanitario cada vez más visible en distintos países de la región.
En Brasil, un reciente estudio científico reveló que los episodios de calor intenso pueden duplicar las muertes asociadas a enfermedades respiratorias, especialmente entre personas mayores y sectores vulnerables.
La investigación fue desarrollada por especialistas de instituciones brasileñas y analizó datos de mortalidad y temperatura registrados en distintas regiones del país.
Los resultados mostraron una relación directa entre los períodos de calor extremo y el aumento de fallecimientos vinculados a afecciones respiratorias, en un contexto atravesado además por el avance del cambio climático y la mayor frecuencia de eventos meteorológicos severos.
Según el estudio, las temperaturas elevadas generan un estrés adicional sobre el organismo y pueden agravar enfermedades respiratorias preexistentes como asma, bronquitis crónica, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y otras patologías pulmonares.
Los investigadores advirtieron que durante los días de calor extremo el riesgo de muerte por enfermedades respiratorias aumenta significativamente, llegando incluso a duplicarse en algunas franjas etarias.
El efecto fue particularmente marcado entre adultos mayores, personas con enfermedades crónicas y sectores con dificultades de acceso a sistemas de refrigeración o atención médica.
El análisis incluyó registros de distintas ciudades brasileñas y permitió identificar que las consecuencias del calor sobre la salud no se limitan únicamente a cuadros de deshidratación o golpes de calor, sino que también afectan el funcionamiento respiratorio y cardiovascular.
Los especialistas explicaron que las altas temperaturas pueden favorecer procesos inflamatorios, empeorar la calidad del aire y aumentar la concentración de contaminantes y partículas en suspensión.
Esa combinación incrementa las complicaciones en pacientes con enfermedades respiratorias previas.
Además, remarcaron que el impacto sanitario suele ser más severo en áreas urbanas densamente pobladas, donde el denominado “efecto isla de calor” eleva aún más las temperaturas respecto de zonas rurales o periféricas.
En Brasil, durante los últimos años se registraron sucesivas olas de calor con temperaturas récord en diferentes estados. El fenómeno coincidió con períodos de sequía, incendios forestales y deterioro de la calidad ambiental en varias regiones del país.
Los autores del estudio señalaron que los hallazgos refuerzan la necesidad de incorporar políticas públicas específicas frente a los efectos sanitarios del cambio climático.
Entre las medidas sugeridas aparecen los sistemas de alerta temprana, el fortalecimiento de la atención primaria y campañas preventivas dirigidas a grupos de riesgo.
También recomendaron ampliar los espacios urbanos verdes y mejorar las condiciones de infraestructura en barrios vulnerables, donde muchas familias enfrentan dificultades para acceder a ventilación adecuada o sistemas de refrigeración durante los períodos de altas temperaturas.
El trabajo científico se suma a otros informes internacionales que vienen alertando sobre el impacto creciente de los fenómenos climáticos extremos en la salud humana.
Organismos sanitarios internacionales advirtieron en reiteradas oportunidades que las olas de calor se están volviendo más frecuentes, prolongadas e intensas debido al calentamiento global.
En América del Sur, distintos países registraron durante los últimos veranos temperaturas históricas que afectaron tanto el consumo energético como los sistemas sanitarios. Las autoridades brasileñas, por ejemplo, emitieron varias alertas meteorológicas durante los episodios de calor registrados en 2024 y 2025.
Especialistas en salud pública sostienen que el desafío no pasa únicamente por responder ante emergencias climáticas, sino también por adaptar las ciudades y los sistemas de salud a escenarios ambientales cada vez más exigentes.
En ese contexto, remarcan que las enfermedades respiratorias representan uno de los principales focos de preocupación, especialmente en una región donde amplios sectores de la población viven expuestos a contaminación urbana, humo de incendios forestales o condiciones habitacionales precarias.
El estudio brasileño aporta así nuevos datos sobre una problemática que comienza a observarse con mayor frecuencia en distintas partes del mundo: el vínculo entre el aumento sostenido de las temperaturas y las consecuencias directas sobre la salud de la población.
Mientras continúan las investigaciones sobre los efectos del cambio climático, los expertos coinciden en que la prevención, el monitoreo sanitario y la adaptación urbana serán factores clave para reducir el impacto de las futuras olas de calor.




