Incluso el máximo jerarca de la Iglesia Católica debe someterse a las inflexibles normas de seguridad del sistema financiero internacional. En un insólito episodio que se conoció recientemente, el Papa León XIV intentó realizar un trámite telefónico con su banco de Chicago, pero la operadora, convencida de que se trataba de una broma de mal gusto, decidió interrumpir la comunicación de forma abrupta.



































