Paola quería irse de Quintanar del Rey (Cuenca). Llevaba años fantaseando con cambiar el cuartel de la Guardia Civil del pequeño municipio manchego por el de su Algeciras natal. El traslado fue, primero, un proyecto común con su marido Santiago y una decisión unilateral, después, cuando firmaron el divorcio y la custodia de Iris y Lara, sus hijas de 9 y 11 años, se la quedó Paola. Él la demandó para pedir la compartida al constatar que la intención de su ex mujer era llevárselas a Cádiz. No quería que sus hijas se fueran lejos. Las niñas tampoco.

































